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jueves, 1 de abril de 2010

¿Qué es la política?

Cuando un estudiante comienza la carrera de ciencia política, generalmente no sabe en realidad qué es lo que está estudiando. Los profesores tratan de guiar su mirada a uno y otro lado del espectro de la realidad social, pero ellos también muestran no conocer un concepto concreto de lo que es la política o el objeto de estudio de la ciencia política. No pueden decir con exactitud si es especulación, o si es una ciencia dura, no hay ninguna seguridad en lo que se dice, sólo aparentes tendencias y acercamientos a algo que puede o no ser cierto.
Aparte del evidente desánimo que esto causa en aquellos pupilos que albergaban al menos la esperanza de llegar a saber algún día qué es en fin lo que están estudiando, la falta de una definición sólida o, peor aún, la existencia de tantos conceptos e interpretaciones de lo que la política es, o debería ser, como autores hay, hace posible la justificación de cualquier conducta y, por consiguiente, régimen en el mundo. Si la gente, sean ciudadanos comunes, sean políticos o sean científicos sociales, no tiene un concepto claro de lo que es política, entonces, para ellos, cualquier cosa podría serlo.
Incluso antes que la política deviniera en ciencia, se ha hecho obvia para muchos la relación entre la política y el poder. Se muestra tan evidente, que se llega a decir, aún hoy, que la política es la relación de poder que hay entre los distintos miembros de la sociedad.
En efecto, desde que el hombre vive en sociedad, la política ha estado regida por el poder, o más bien, el poder ha sido el factor determinante en las relaciones políticas. No se podía concebir un concepto de política sin incluir la palabra poder. Se decía que la política era simplemente la búsqueda, retención y uso del poder por cualquier medio.
A medida que la humanidad avanza, esa búsqueda, retención y uso del poder ha ido encontrando varios frenos. Los nuevos sistemas de gobierno (palabra poco correcta tomando en cuenta las conclusiones de este artículo), se ven sujetos cada vez más al control que ejercen los ciudadanos sobre sus gobernantes, y las cuotas de poder se ven limitadas. La gente ha encontrado maneras de protegerse ante los abusos de los gobernantes y cada vez más, a medida que los sistemas democráticos evolucionan, las relaciones de poder son sustituidas por negociaciones y consensos.
Aún así, se sigue estudiando al poder como figura central y objeto de la ciencia política, haciendo que todo lo demás pase a segundo plano. Siendo el poder tan importante para los estudiosos de la política, los actores políticos pueden encontrar en ello justificación para tratar de alcanzarlo, usarlo y retenerlo, de hecho, ese sigue siendo el fin último de los partidos políticos. La gente, basada en esa misma creencia, tiende a legitimar las acciones de los políticos. Sin embargo, en nuestro tiempo existen sociedades que han descubierto que los políticos son en realidad servidores públicos llamados a ser administradores de los recursos de la comunidad donde viven.
Otra concepción moderna de política es aquella que se refiere a ella como las interrelaciones entre los diferentes actores de una sociedad. Esta definición es mucho más amplia y tiende a abarcar una mayor cantidad de casos, pero aún así no es lo suficientemente concreta. Las relaciones pueden abarcar cualquier cosa, y en ese caso tenemos una concepción que todavía no nos pone unos límites claros en nuestro objeto de estudio. Relaciones como matrimonios, actos delictivos o recreacionales pueden entonces considerarse como hechos políticos porque hay interacciones entre individuos en algún nivel.
Propongo una definición que, además de ser sencilla, podría hacernos tomar un enfoque un poco diferente sobre cómo estudiar la ciencia política. Me propongo decir que la política es toda actividad destinada a la administración de los recursos de un grupo.
            Parece una definición obvia y simplista, pero encierra mucho más de lo que se ve a primera vista. Los grupos tienen recursos y en algún momento tienden a concentrarse, y uno de los miembros del grupo los concentra en sus manos y los administra de la manera que mejor le parece, a veces los redistribuye, otras veces los retiene o los usa con el fin de obtener más. Más veces que menos, tiende a darles usos diferentes a aquellos que el grupo necesita o busca, y muchas más veces que no, obtiene los recursos por medios fuertemente persuasivos, como la coerción. Pero también se han visto casos donde esos recursos no se concentran en pocas manos, y donde la gente los cede de buena gana a órganos que ellos mismos controlan y logran que se inviertan justo en las cosas que ellos necesitan y de la manera que ellos lo requieren.
            ¿Dónde queda el poder? El poder es una herramienta y no un fin en sí mismo. El poder es una de las tantas maneras de hacer que los miembros de la sociedad cedan sus recursos para que una persona o grupo de personas lo administren. Los ciudadanos pueden ceder sus recursos materiales, intelectuales y físicos para que otros lo administren. Los recursos son bienes y servicios, la parte que la gente produce o posee, y los pueden ceder voluntaria o involuntariamente según la clase de poder que sea ejercida sobre ellos. Puede ser un poder impuesto por la coerción, o puede ser legítimo basado en la concepción de Weber sobre el origen de dicha legitimidad.
            ¿Dónde quedan las interrelaciones? No es que el concepto de política basado en las interrelaciones entre los miembros de la sociedad sea errado, es simplemente demasiado basto. Se podría decir, en cambio,  que la política se da sólo en aquellas interrelaciones que impliquen cesión de recursos o al menos negociaciones para que los recursos de uno o más ciudadanos sean administrados por ellos mismos o por otros. Todas aquellas relaciones que sirvan para decidir quién y cómo se deben administrar los recursos son las que le interesan a la política.
            ¿Dónde quedan las relaciones internacionales? Las relaciones de paz y guerra, la diplomacia, los tratados económicos y territoriales, todos tienen que ver con administración de recursos que normalmente son cedidos a personas o grupos para que los administren según les parezca conveniente. Son los ciudadanos quienes terminan cediendo sus recursos a las organizaciones, o permiten que organizaciones tengan algún impacto o presencia en sus territorios a través de voceros o diplomáticos.
            ¿Dónde quedan el sistema de partidos y el sistema electoral? Los partidos políticos pueden ser también definidos como grupos de gente que quieren que sus recursos, y los de los demás, sean administrados de una u otra manera, y también tienen como objetivo llegar a posiciones donde puedan hacer que la gente les ceda sus recursos para disponer de ellos como mejor les parezca según la ideología que ellos tengan o su interpretación de ella. Cada sociedad es única y el surgimiento de partidos políticos y grupos de presión se ve influido por las particularidades de esa sociedad, de los recursos que posean, la cultura, la historia y las instituciones que en ella hayan florecido. Los sistemas electorales son las maneras que los miembros de cada sociedad han establecido para elegir o nombrar aquellos que tomarán las decisiones de qué hacer con los recursos, y cómo producirlos y distribuirlos.
            ¿Dónde queda la democracia? Se ha visto que hay muchos sistemas políticos, y cada uno consigue administrar los recursos que sus ciudadanos ceden voluntaria o involuntariamente, de una manera más o menos eficiente, dirigida a intereses personales, de grupo o para beneficiar a la mayor parte de sus ciudadanos. La democracia parece ser el sistema donde es más común que la mayor parte de la población ceda sus recursos a los administradores de manera voluntaria. Los demás sistemas pueden conseguir más o menos recursos, pero consiguen que una proporción menor de sus ciudadanos los cedan de manera voluntaria o bajo ningún tipo de amenaza.
            Una de las posibilidades que se abren con la formulación de este concepto de política es que, si se generaliza y se hace conocido para la mayoría de la gente, podría ayudar a disminuir la cantidad de legitimidad que tienen los gobiernos no democráticos, o sostenidos por liderazgos carismáticos. Podría hacer que los gobiernos que administran los recursos de los ciudadanos de manera ineficiente sean apoyados cada vez menos, lo cual pasa de manera natural pero lentamente,  y los estudios sobre política puedan ser vistos con mayor claridad como una ciencia de administración un poco más cercana a la economía. Por supuesto que es una intención que puede ser tomada como soberbia y está, más que todo, basada en simple especulación, como un producto de ejercicios mentales sin basamento empírico. Pero es un esfuerzo hecho para mostrar que las relaciones de poder son simplemente un fenómeno que se puede presentar dentro de la sociedad, pero no es necesario para hacer política. Seguro existen grupos o personas poderosas a quienes mucha gente les cede recursos voluntariamente o bajo amenaza, y los grupos que tienen estos recursos concentrados tienen que negociar entre sí para no destruirse mutuamente, o para conquistar espacios y lograr que cada vez más gente les ceda recursos. Esto implica que no sólo los Estados son entes políticos, sino también las empresas, las familias, y todo grupo que implique tomar decisiones sobre qué hacer con los recursos agregados de sus miembros.
            Esta concepción sobre la política podría servir para que cada vez más gente la estudiara con el fin de educar cívicamente a los ciudadanos, y que cada vez menos gente la estudiara para tratar de controlarlos y someterlos. En ningún momento niega la opción de hacer política por los medios tradicionales de coerción o imposición, pero se muestra aquí que existe la posibilidad de disminuir el uso de esas prácticas y esa visión maquiavélica de política, y también de que la gente deje de verlas como el orden natural de la sociedad.

sábado, 6 de marzo de 2010

La democracia en 30 lecciones

Quisiera dar mis comentarios acerca de esta excelente obra.

Desde que comenzamos la carrera de ciencias políticas nos han estado bombardeando con artículos y libros de Giovanni Sartori, sobre todo por ser uno de los fundadores de la ciencia política tal y como la conocemos hoy.

Es un libro muy corto que consta de 30 capítulos muy sencillos de leer, pero lo que llama la atennción es que cada capítulo trata sobre rasgos que ayudan a describir qué es democrático y qué no lo es.

La historia detrás de todo comienza cuando a una periodista italiana llamada Lorenza Foschini le hizo una propuesta a Sartori que cumplió con el sueño de muchos de nosotros: hacer cápsulas informativas acerca de la democracia para la televisión. Giovanni aceptó de buena gana y se hicieron 30 mini-capítulos y fue tal el éxito que ahora tenemos este genial libro.

En cuanto a lo que uno compra, hay capítulos sobre el mercado, el capitalismo, el socialismo, la libertad de expresión y los derechos políticos, explicados de forma tan casual que cualquiera puede entender el fondo de lo que se está hablando sin tener conocimientos demasiado profundos acerca de ciencias sociales. Sin embargo hay capítulos un poco confusos, el que más recuerdo es uno que habla de lo que es políticamente incorrecto, que todavía no he logrado descifrar, pero un capítulo incomprensible de treinta es aún un buen récord.

Yo diría que es un libro que debería leer todo el mundo en la tierra, pero considerando que cada cabeza es un mundo, mi ambición podría limitarse a todo el mundo en la tierra que estudie ciencias sociales al menos.

No dejen de comprarlo, o copiarlo o pedirlo prestado y no devolverlo jamás. Aquí les dejo la ficha técnica.

Giovanni Sartori
La democracia en 30 lecciones
Editorial Taurus
Madrid

jueves, 25 de febrero de 2010

Nuestra democracia

Todos los días se lee el periódico y se observa una profunda polarización en la sociedad que no había sido observada nunca en la historia del país, acompañada por una creciente exclusión de todo sector que no esté de acuerdo en algún aspecto de las políticas de unos gobernantes dispuestos a permanecer en el poder a toda costa aún cuando la historia y nuestra memoria ancestral bolivariana nos indica que es nocivo para cualquier sociedad.


Nos encontramos también con los frutos de un discurso dirigido a encender odio y además trata de culpar de todos los males que ocurran en el país a cualquier factor externo a nosotros mismos, como si la sociedad venezolana no cometiera nunca errores sino que está constantemente expuesta a las decisiones arbitrarias de un sector interesado en establecer un estado de miseria permanente.

El común denominador de la población parece no estar consciente del juego político que se desarrolla bajo sus pies y sobre sus cabezas, y sólo ven los resultados “posibles” de las decisiones del ejecutivo sin tomar en cuenta las consecuencias a largo plazo ni los resultados que políticas similares han tenido en el pasado.

Miles de ejemplos serían citados, pero siempre se va a contar con el apoyo de la población que no sigue nunca los “avances” de las decisiones políticas antes tomadas y simplemente se contenta con apoyar cada nueva imposición de nuestros gobernantes pensando que toma medidas para “frenar” a algún sector que se está “aprovechando” de ciertas condiciones dolosamente.

Todo esto inevitablemente trae a recuerdo todas las advertencias que nos hacía George Orwell en sus libros 1984 y Granja de Animales de que quien controla el pasado, controla el presente y es dueño del futuro y, sobre todo, siempre hay un factor externo capaz de ser culpado de todo cuanto salga mal. Hay un vacío temporal intencional que está poco a poco siendo llenado por el heroísmo y grandeza de un grupo único de liberadores. La gente ya no recuerda el pasado, o lo ve como algo que era totalmente indeseable y que el presente es definitivamente mucho mejor. El mal de ahora es preferible a cualquier error perpetrado en el pasado.

Cada error hecho por el gobierno actual es perdonado por haber sido cometido en el pasado o en el extranjero por algún otro líder, sin ver que cada una de esas personas sólo incurrió en dichos errores en un período histórico corto, una sola vez y fueron entes con mucha separación entre sí. Los errores y atropellos que la humanidad ha presenciado durante toda su historia y geografía, están siendo cometidos por un grupo focalizado de gente, en un mismo punto geográfico, en un período histórico realmente corto y seguimos siendo totalmente permisivos.

Por otro lado, la presencia y apoyo de personalidades de la comunidad científica política de izquierda le añade un tono algo tenebroso al asunto. Sabemos que siempre ha habido un interés de esa gente de experimentar sus teorías de cambio en los métodos de producción en cualquier país que lo permitiera, incluso antes de lo predicho por Marx de que ese momento llegaría cuando el capitalismo resolviera todos los problemas de producción. Y no es desconocido el hecho de que los gobernantes actuales y su cerrado círculo de poder son la oligarquía más rica que ha tenido Venezuela en toda la historia del país.

Considerando estos factores, se podría especular que ha habido una especie de venta del país a científicos para probar su modelo socialista una vez más, y hay un sector que está siendo incalculablemente beneficiado. En lo personal, cada vez que veo las medidas que toma el gobierno, sus efectos, proyecciones y antecedentes me parecen medidas antes tomadas por otros gobiernos, tomadas de libros de texto, y la gente adopta las respuestas esperadas por ellos, y cada vez que trata de organizarse lanzan 3 o 4 medidas arbitrarias que afectan a varios sectores individualmente para desorientar el esfuerzo por mantener la democracia.

Las concepciones de lo que debería ser una democracia descritas por Dahl, Bobbio, Morlino o Brito dejan a nuestro sistema de gobierno claramente fuera de esos modelos y lo centrarían dentro de modelos autoritarios o aún totalitarios con ciertos vestigios democráticos para cuidar la imagen internacional.

A mi entender, la única manera de frenar este avance es aplicando lo que Dieter Nohlen propone. Hay que sustituir la cultura de la opinión por la cultura de la argumentación, hay que darle a la sociedad las herramientas para crearse criterios y establecer como negativo el valor del chisme y la información de segunda mano.

Para mí, la única manera de reestablecer la democracia de una manera democrática es cambiar los valores de la población. Reemplazar la suposición de que todo en la política es malo, toda autoridad es corrupta por naturaleza, todo mal viene de afuera y que nada de lo que haga o piense va a lograr cambiar el ámbito en el cual se vive, por todo lo contrario y hacer ver que nuestras acciones individuales tienen absoluta repercusión sobre nuestra sociedad, no tomar lo que se dice sobre algo como una verdad para no juzgar sobre lo que no se sabe y tomar responsabilidad sobre todo lo que se dice y hace.

lunes, 8 de febrero de 2010

Oposición venezolana equivocada

Es cierto que en Venezuela se está viviendo un proceso de involución, de retroceso histórico sin precedentes. El gobierno de Hugo Chavez llegó a nuestro país como una esperanza a un país que estaba siendo duramente golpeado por una crisis económica mayormente producida por administraciones marcadamente populistas, basadas en socialismo y medidas típicas de la corriente de estados de bienestar los cuales fracasaron todos en el mundo por alguna u otra razón.

Venezuela es un pueblo acostumbrado a que los gobiernos lo asistan en todos los aspectos y, como tal, espera a un líder que llegue a poner orden en todos los ámbitos y que los gobierne, les diga qué hacer en todo. Por supuesto, Chavez aprovechó esta condición para ofrecer un cambio rotundo, echarle la culpa al imperio de todos los males y castigar a todos aquellos que son la causa de la pobreza de los venezolanos.

11 años más tarde, el terror que les fue advertido a los venezolanos por los sectores intelectuales se ha hecho realidad palabra por palabra, pero se ha hecho de una manera tán paulatina que los venezolanos han conseguido aceptar pasivamente todas estas penurias por estar cada una justificada en el discurso de Chavez, y aceptamos un sacrificio en el presente con la promesa de un futuro mejor.

Pero los venezolanos no hemos aprendido de la historia, sea la nuestra o la de la humanidad. Aún estamos convencidos de que Chavez y su gabinete, sus personeros y organismos son todos inficientes, ineptos, irresponsables e incompetentes. Dicen que Chavez es bruto, no sabe lo que hace, está demente o cosas peores.

Yo opino que es todo lo contrario. Si buscamos en la historia, podemos encontrar que los actos del señor Chavez han sido ya probados como muy efectivos dependiendo de cómo se los mire. Si se busca manejar un país buscando sacarlo adelante, la felicidad de sus ciudadanos, el progreso y todo lo demás, entonces Chavez está haciendo todo mal. Pero si se busca mantenerse en el poder a toda costa, sin posibilidad de que nadie pueda retar su estabilidad, entonces se tiene que hacer exactamente lo que nuestro emperador está haciendo.

En 1998 la comunidad intelectual de Venezuela advirtió que Chavez era una persona autoritaria, retrógrada, comunista y fiel seguidor de Fidel Castro. Nos advirtieron que iba a estatizar todas las propiedades y empresas, que iba a expropiar, nos dijeron que la propiedad privada iba a peligrar. También nos dijeron que iba a tratar de controlar todos los medios de comunicación, y aquellos que fueran disidentes iban a ser cerrados y perseguidos, dijeron que no iba a soltar el poder una vez que lo obtuviera, que iba a modificar las leyes e iba a tratar de modificar las leyes para legitimar todas esas desiciones. Por supuesto, Chavez y sus seguidores trataron de desmentir todas estas afirmaciones para ganar las elecciones y ya sabemos lo que pasó.

Estamos en el año 2010, no hicimos caso, todas esas advertencias se cumplieron en su totalidad, Chavez ha cerrado al menos un canal de televisión ilegalmente y muchas otras emisoras de radio, las otras tienen miedo a que les apliquen leyes y las obligan a la autocensura. Hay muchas empresas expropiadas, la producción nacional decayó de manera que casi la totalidad de los alimentos y bienes tienen que ser importados, y todo tiene que ser con permiso previo del gobierno por aquello del control de cambio, la propiedad social está siendo mencionada para ser hecha ley, y los esbirros de Fidel Castro están diseminados por todo el país.

Pero ¿qué pasa? ¿es que Chavez es loco?

La respuesta es no. Chavez necesita un país en el borde de la inanición, un país muy débil y devalido que se pueda controlar. Un país rico y con abundancia no agradecería si les regalaran un plato de comida al día, pero un país con hambre y necesidad le daría todos sus votos y apoyo a un presidente que le regalara una hogaza de pan una vez al mes al menos. Luego de 11 años, ya hay gente que no recuerda (o que no conoció) la época anterior a la supuesta revolución, y el presidente se ha encargado de borrar la memoria de muchos y reemplazarla por logros y conquistas de su régimen.

Quien controla el pasado es dueño del presente y controla el futuro. Se pueden leer los periódicos oficiales y todos los días hay logros y conquistas, la producción de cualquier rubro siempre está en crecimiento y los indicadores de progreso siempre están en aumento mientras los indicadores negativos siempre están en disminución.

Pero si uno se dedica a buscar las cifras del pasado, uno puede fácilmente encontrar cifras mejores, pero nadie lo recuerda. Con sólo salir a la calle uno puede ver que los números son fantasías que nadie está dispuesto a desmentir, y si alguien lo hace es acusado de imperialista.

La oposición le sigue el juego, diciendo que en el gobierno hay ineptos e incompetentes, porque ellos piensan basados en los juicios que ellos tienen acerca de lo que debería ser un dirigente, y eso Chavez lo sabe. Chavez viola todos los derechos humanos que le de la gana, pero tratar de hacerlo entrar en razón no sirve de nada porque ya él mismo está en razón, el sabe lo que hace y se rie de todos nosotros cada vez que defendemos la constitución. Hay que dejar de sermonearlo, de aconsejarlo, entendamos que no va a escuchar porque ni le conviene ni quiere que mejoremos nuestras condiciones.

Hay que despertar y con fuerza. Ya no podemos seguir pensando que no saben lo que hacen, debemos planear las estrategias en función de no dejar que Chavez se apropie más del país para convertirlo en su hacienda, donde tiene a 28 millones de esclavitos trabajando para el y su familia, que tienen que estar agradecidos por permitirnos vivir en su parcela y alimentarnos y cuidar de nosotros como si ninguno tuviera la capacidad de decidir por sí mismo.