Cuando se habla de colonización y conquista, normalmente se hace referencia al proceso iniciado por los europeos al descubrir América, o unas características exclusivas de los imperios llamados occidentales al tratar de expandir sus dominios y territorios. Se oye hablar de los vicios que trajo la cultura occidental a los “pueblos puros” de nuestro continente y que todo estaba bien antes de la llegada del hombre blanco a nuestras costas. Siempre se ha hablado de la paz en que vivían nuestros aborígenes y de la armonía con que reinaban o se relacionaban los pueblos unos con otros, pero se sabe que las cosas en América no eran tan felices como algunos aseguran.
Los pueblos que ocupaban nuestras tierras, entre ellos los Caribes, se encontraban en pleno proceso de expansión y conquista de nuevos territorios cuando los españoles llegaron. Se sabe que ocuparon gran parte del norte de América del Sur, llegaron a explorar las Antillas hasta lo que actualmente es Estados Unidos, y bajaron hasta el actual Perú, según evidencia arqueológica. Eso nos da una idea del interés que este pueblo tenía en expandir sus fronteras. Pero hubo otros pueblos que practicaban métodos políticos muy parecidos a los observados en el viejo mundo antes de la llegada de los europeos al nuevo mundo.
Los Mayas, por ejemplo, eran un pueblo bastante organizado con una organización social que recuerda mucho al feudalismo. Las tierras pertenecían a la nobleza, quienes cedían parcelas a los campesinos para que las trabajasen y dieran el producto a sus dueños. La nobleza estaba constituida por ciertas familias privilegiadas y era hereditaria. Ocuparon el sur de México, Guatemala, Honduras y Belice durante su período de mayor expansión. Durante el período post clásico y hasta la decadencia de este pueblo, los Mayas estuvieron en guerra casi constante entre ellos mismos por el control de los territorios y ciudades.
Los Aztecas fueron crueles colonizadores. Su centro estaba ubicado en Tenochtitlán. Aunque por un tiempo el imperio azteca estuvo regido por la llamada triple alianza de tres ciudades, pronto la gran ciudad de México se impuso sobre los otros dos grandes poblados. Los altépetl eran asentamientos indígenas pertenecientes al imperio azteca, pero no eran un pueblo unificado, sino que cada uno rendía tributo a Tenochtitlán. Se llegaron a contabilizar unos 38 altépetl durante el gobierno de Monctezuma y, aunque permitían cierta autonomía religiosa y política a cada asentamiento, se les obligaba a aceptar al dios mexica como deidad superior y pagar altísimos tributos.
Otro pueblo colonizador fue el Quechua de los Incas quienes anexaron muchos pueblos desde Ecuador hasta Chile, conquistándolos e imponiendo su lengua como oficial. Los emperadores tenían autoridad absoluta y su poder provenía de la voluntad divina. Practicaban algo parecido a un comunismo de estado, es decir que las tierras pertenecían a la comunidad pero las parcelas eran asignadas por familia para que las trabajasen. No había movilidad de clases, es decir, las clases sociales eran bien diferenciadas y respetadas por todos en el imperio sin permitir el mestizaje, eso significaba que el que nacía pobre, moría pobre.
Mi creencia es que América estaba aún en proceso de exploración y población. Al no haber llegado al límite poblacional, los indígenas no se vieron forzados a competir entre ellos y lo que hacían era migrar hacia tierras aún inexploradas en busca de paz y más recursos mientras que los imperios se expandían. Faltaban siglos antes de que las fronteras entre civilizaciones imperiales colindaran, y comenzaran realmente a competir tecnológicamente.
De cualquier manera, asegurar que los pueblos del “viejo mundo” trajeron sus vicios a nuestra "impoluta tierra de riqueza y bondad" sin igual es, por lo visto, una visión errada de nuestra verdad histórica.



